Ponferrada – CEIP Flores del Sil

Trabajo de campo – Invierno 2017/18

febrero de 2018

Los pequeños insectos del bosque son como los obreros de una fábrica de reciclaje de carbono, esencial para el ecosistema.

Con el nombre de saproxílicos, así se conoce a aquellos insectos cuyo ciclo vital depende de la madera muerta o en descomposición, ramas y troncos muertos en pié o caídos en el bosque de ribera. En nuestra salida de campo en febrero nos encontramos en un tronco de árbol en descomposición a este pequeño y colorado escarabajo (coleóptero), el Ampedus sanguineus con sus características alas endurecidas o élitros de color rojo intenso.

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Ampedus sanguineus (Foto: Ángel Lorenzo)

Estos insectos cuyas larvas se alimentan de madera en descomposición son fundamentales en el ciclo del carbono en la naturaleza, es decir, son responsables de una parte del proceso de transformación del carbono orgánico que contiene la madera muerta y convertirlo finalmente, con la ayuda de otros organismos vivos como los hongos y las bacterias, en carbono inorgánico en forma de CO2. Y ahora digo yo, ¿por qué creéis que es tan importante que el carbono vuelva a la atmósfera en forma de CO2?, ¿pero no era malo el CO2 atmosférico?, ¿acaso no es uno de los gases que producen el efecto invernadero?, ¿y el efecto invernadero no era malo para el planeta? …¿qué os parece si comentamos todo esto en la salida de finales de marzo y lo vais pensando un poco?…

Este ejemplar Ampedus sanguineus que encontramos en un tronco en descomposición es una especie de escarabajo perteneciente a la familia de los Elatéridos, unos escarabajos muy curiosos porque suelen ser malos voladores y han desarrollado otras habilidades para tratar de escapar de sus depredadores y del peligro. Así, son capaces de recoger sus antenas y sus patas dentro de su cuerpo y quedarse quietos haciéndose los muertos; cuando creen que el peligro ha pasado y están boca arriba, de repente activan un mecanismo de resorte o de palanca que tienen entre su tórax y su abdomen de forma que pegan un salto considerable (20-30cm) en el aire. Tened en cuenta que este ejemplar de la foto mide 1cm aproximadamente. Por esta singular característica, a la familia de los Elatéridos también se la conoce como la de los escarabajos resorte.

Sus larvas son las que realmente se alimentan de madera, realizando galerías y facilitando todavía más su descomposición. Los adultos como el de la foto suelen aparecer en las flores durante la primavera, esperando poder reproducirse. Os dejo una foto de una larva de Ampedus sanguineus para que veáis las diferencias y el gran proceso de cambio morfológico y fisiológico que implica la metamorfosis en los insectos.

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Larva de Ampedus sp. (Foto: Gabor Keresztes)

La lavandera cascadeña (Motacilla cinerea) también recorre las orillas del río Meruelo.

A duras penas me dejó tiempo de enfocar con la cámara y disparar esta foto, no muy buena por cierto. Pero su larga cola, su culete amarillo brillante y su voz de alarma hacen reconocible esta ave típica de ríos o arroyos con piedras expuestas y una buena vegetación arbórea y arbustiva de ribera, como es el caso del río Meruelo en Molinaseca. ¿Recordáis?, los identificadores de uno de los grupos que utilizamos en las actividades del mes de octubre pasado llevaban una fotografía de esta especie. En Galicia también recibe el nombre de lavandeira real. Por la foto tomada desde atrás, es difícil saber si se trata de un macho o de una hembra (el macho suele tener la garganta o babero de color negro).

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Lavandera cascadeña / Motacilla cinerea (Foto: Ángel Lorenzo)

Como esta foto tan mala no está a la altura de unos rapaces tan xeitosos como vosotros, permitid que os muestre esta otra de mejor nitidez de una hembra de Lavandera Cascadeña junto a su polluelo que tomé en el río Ulla en Galicia, así os será más útil. Esta otra foto está tomada en julio del 2017, ya en verano, con el polluelo ya reclamando sin cesar, una y otra vez, el aporte de comida por parte de su madre.

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Lavandera cascadeña / Motacilla cinerea (Foto: Ángel Lorenzo)

Se alimentan de adultos y larvas de insectos terrestres y acuáticos, que capturan con su rápido y afilado pico. Las larvas de plecópteros, tricópteros y libélulas, que pudimos ver en las actividades del mes de octubre pasado, son perfectas para estas aves. Construyen sus nidos en pequeños recodos o huecos entre las piedras o raíces de árboles, siempre a baja altura y muy cerca del agua; también suelen utilizar viejas construcciones o puentes utilizando para construir el nido musgos, ramitas y hojas. Por ello, no son uno de los candidatos a ocupar nuestras cajas-refugio que colocamos en octubre pasado, ya que están más pensadas para carboneros, herrerillos, mitos o currucas, entre otras aves.

Por el momento, las cajas refugio siguen en el sitio donde las colocamos y no hay indicios de ocupación por el momento…veremos a finales de marzo si alguien se ha animado, como ya os dije un mito o un carbonero o un herrerillo serían las especies más interesados en nuestro tipo de cajas.

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Caja refugio-nido colocada en octubre de 2017 en el río Meruelo (Foto: Ángel Lorenzo)

La floración adelantada de los avellanos (Corylus avellana) en el bosque del río Meruelo.

Los avellanos ya están en flor a estas alturas del mes de febrero, adelantan esta floración como una ventaja adaptativa al ciclo caducifolio del bosque de ribera. Como los árboles del bosque caducifolio todavía carecen de hojas, algunas especies de arbustos y de plantas adelantan la floración buscando una mejor posibilidad de polinización por parte de los insectos y de la acción del viento. En el caso concreto del avellano (Corylus avellana) la polinización es anemógama, es decir, es el viento el que transporta el polen desde los estambres de las flores masculinas hacia el estilo de las flores femeninas, produciéndose así el fruto o avellana a finales del verano.

Lo que veis en esta primera foto son las flores masculinas, agrupadas en esas 2 estructuras cilíndricas llamadas amentos, es decir, cada amento contiene unas cuantas decenas de flores masculinas. Los alisos, otro de los árboles típicos de ribera también tienen amentos masculinos muy parecidos.

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Flores masculinas del avellano / Corylus avellana, agrupadas en 2 amentos (Foto: Ángel Lorenzo)

Y en esta segunda foto os dejo una foto de la flor femenina del avellano, en la que destacan los estigmas colorados, en donde quedará atrapado el polen de las flores masculinas, produciéndose así la fecundación y dando lugar al fruto o avellana a finales del verano.

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Flor femenina del avellano / Corylus avellana (Foto: Velela)

Otros arbustos como los sauces también adelantan la floración antes de que llegue la primavera y, al igual que el avellano, consiguen dispersar mejor el polen y que la polinización por el viento sea más efectiva, al no existir tantos obstáculos mientras las hojas de los árboles de ribera no broten. Es una adaptación de las plantas al ciclo estacional del bosque caducifolio.

El avellano es un arbusto de ribera típico de lugares sombríos y frescos, del que el ser humano ha sabido aprovechar muchísimos recursos y propiedades, desde su fruto la avellana, hasta la corteza del tronco y ramas como medicina natural; sus varas o ramas duras y flexibles se siguen utilizando para realizar cestos y utensilios; y también se extrae el aceite de la semilla para obtener jabones, perfumes o lubricantes.

No los vemos directamente, pero sabemos que están ahí si aprendemos a leer las pistas que nos dejan.

Por norma general, resulta verdaderamente complicada la observación de animales del grupo de los mamíferos durante las horas de luz en el medio natural (exceptuando al ser humano claro, jeje…). Suelen ser muy huidizos y desarrollan la mayor parte de su actividad vital durante la noche, evitando casi siempre la presencia de humanos cerca, ya que para ellos representamos una amenaza. Aun así, con la metodología y la herramienta de trabajo adecuada y mucha paciencia y dedicación, incluso con trampas fotográficas de visión nocturna, se pueden conseguir observaciones directas de estos grandes animales en su hábitat natural, aunque repito, no es lo más común.

Por ello, los biólogos y naturalistas en general deben de conformarse muchas veces con el estudio de sus rastros e indicios de presencia en determinadas zonas o hábitats naturales, como pueden ser pelos, letrinas o excrementos, huellas e incluso marcas que estos animales hacen en troncos y ramas de árboles y arbustos. Y este es el ejemplo que os muestro a continuación con esta fotografía, en la que se aprecia la impresión de unas huellas de uno o varios corzos (Capreolus capreolus) en un terreno blando de barro humedecido que me encontré en el camino paralelo al río Meruelo en Molinaseca.

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Huellas de Capreolus capreolus / Corzo (Foto: Ángel Lorenzo)

Observad las dos huellas de las uñas perfectamente marcadas en el barro, como veis miden aproximadamente 4cm de largo y el extremo anterior de sus uñas termina en punta y parece que se cierran entre sí esas 2 puntas, algo que caracteriza a este tipo de ungulados, que así se denomina a este grupo de mamíferos que caminan con el extremo de los dedos en forma de pezuña, en este caso pares (2 uñas marcadas y otras 2 que el corzo posee muy altas en la pata y que casi nunca llegan a salir impresas en el suelo). La práctica del observador y la coincidencia entre la observación directa y el marcado de las huellas hace que seamos capaces de distinguir esta huella de corzo de las de otro ungulado próximo como puede ser el jabalí, o el rebeco, por ejemplo.

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Macho adulto de corzo / Capreolus capreolus

En esta imagen de arriba podéis observar a un macho de corzo (Capreolus capreolus), con su cornamenta no muy grande y terminada en 2 puntas ya completamente desarrollada; este ejemplar ya tiene más de 3-4 años. Las hembras carecen de cornamenta y tienen un penacho blanco en la zona del culete que destaca sobre los machos. Las patas traseras de estos animales son fortísimas y están adaptadas al salto, que realizan de forma espectacular en los momentos de huida o peligro. Os dejo aquí una imagen con la diferenciación sexual entre macho y hembras de corzo, sacado de la publicación O Corzo. Aspectos biolóxicos e aproveitamento cinexético, editado por la Federación Galega de Caza y el Observatorio Galego de Caza en el año 2009.

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Los machos son territoriales y suelen marcar con su olor los troncos de la vegetación arbustiva próxima a sus dominios, de forma que podemos comprobar estas marcas en algunos troncos del bosque, que aparecen descortezados a baja altura. Estas glándulas que producen las sustancias olorosas están en la base de sus cornamentas, así que lo que hacen es frotar con ellas la corteza de arbustos y árboles, generalmente prefieren los troncos jóvenes y de poco diámetro. Os dejo una foto de este indicio que encontré en una salida de campo aquí cerca de dónde vivo en A Coruña, en el bosque de ribera del río Mandeo.

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Marcaje territorial de Capreolus capreolus (Foto: Ángel Lorenzo)

Los anuros o anfibios sin cola: la rana temporaria y el sapo común.

Como en los ríos que hemos visitado con vuestros compañeros de Lugo y Ourense hemos encontrado más variedad de anfibios que en el río Meruelo, os dejamos aquí este vídeo explicativo grabado en el río Mera en Lugo este mismo mes de febrero.

Estamos  convencidos de que ambas especies también están presentes en el río Meruelo en Molinaseca y esperamos encontrarnos con ellas durante la salida de campo que haremos juntos a finales de este mes de marzo.

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