Tanzania 2021. Día 4, el trekking por los volcanes de Empakai y Olmoti.

El despertador suena a las 6:00 y abrimos las cortinas de la habitación, por las que ya asoma el sol del amanecer de nuestro cuarto día en Tanzania. Nos quedamos un ratillo en cama, contemplando el increible cuadro: un grupo de antílopes de agua pacen a escasos 10 metros de nuestra ventana. Salimos luego a la terraza a respirar el aire del Ngorongoro. Un cálao cariplateado cruza el horizonte y se deja fotografiar en vuelo, mientras las hembras de waterbuck (Kobus ellipsiprymnus) me miran fijamente sin dejar de masticar hierba fresca.
Tras un abundante desayuno en el comedor del Rhino Lodge, con frutas variadas, tortilla francesa de vegetales, café y zumo, nos dirigimos a la zona de recepción del hotel, en dónde Junior ya nos esperaba para partir hacia el cráter de Empakai. Sobre las 6:55 de la mañana, iniciamos el largo, intenso y bacheado recorrido en vehículo todoterreno hacia las Highlands, las tierras altas del Área de Conservación del Ngorongoro y sus volcanes inactivos, el hogar de los maasai. All right, all right, all right, come on!
En seguida llegamos al mirador que habíamos disfrutado el día anterior, pero ahora continuamos por la carretera que bordea la caldera del Ngorongoro por su cara este. Todo el recorrido en 4×4 es impresionante, ya que podemos ver, de cuando en vez, las praderas de la caldera, unos 600 metros más abajo de nuestros pies. Una vez dejado atrás el volcán apagado del Ngorongoro, nos detenemos en la garita de control de acceso del Área de Conservación en dónde Junior, como todos los días al acceder a cualquier zona protegida, debe de entregar y chequear toda la documentación en regla y también, en este día especial, contactar ya con el ranger que nos acompañará en el trekking de bajada al Empakai, unas horas más tarde.
Aprovechamos la parada para ir al baño, estirar las patas y sacar algunas fotos de recuerdo ante un enorme fémur de elefante que está allí expuesto, cerca de la garita. Por sorpresa, sale por una de las puertas traseras de la garita un maasai de orejas colgantes, cargado con varios bultos y atados de agua embotellada; cuando levanta la cabeza y nos saludamos, reconocí aquella gran sonrisa, ¡era el mismo maasai que limpiaba los baños y que conocí el día anterior abajo, en la pradera del Ngorongoro! Cuando Junior sale ya con toda la documentación sellada y en regla, y con el ranger ya avisado para que nos acompañe al Empakai, nos pregunta si no nos importa llevar a nuestro amigo maasai hasta su aldea, una de las primeras que nos encontraríamos de camino a Empakai, a media hora de distancia de dónde estábamos. Por supuesto, le dijimos que all right, all right, all right, así que le ayudamos a subir los bultos al maletero del todoterreno y allá que nos fuimos los cuatro.
Por el camino, Junior y aquel maasai comentaban la jugada en suajili, de forma que lo único que pude comprender es que hablaban de los unzungus gallegos que iban detrás. Junior me dice que Tifi, que así se llamaba aquel hombre, le estaba diciendo que ya me conocía, y que le había dado propina el día anterior en los baños de la zona de picnic del Ngorongoro. No se podía quejar el maasai de aquellos gallegos, propina ayer, transporte hoy. Para nosotros, simplemente el hecho de poder acompañar a un maasai hasta su aldea ya era una aventura más, así que encantados estábamos de haberlo conocido y de poder ayudarle. En el trayecto hasta la aldea maasai de Tifi, Junior nos cuenta que en el Área de Conservación del Ngorongoro, tanto el equipo de Rangers (equivalente a nuestros Guardas de Parques Nacionales), como el personal de los hoteles y alojamientos, deben de tener en sus plantillas, como mínimo, un 20% de gente maasai. Es decir, que muchos operarios de las garitas, personal de limpieza, rangers, camareros, recepcionistas, son de etnia maasai, porque así se lo exige la normativa de gestión ambiental de Tanzania. También nos comenta Junior que, como Tifi hoy con nosotros, muchos de ellos suelen esperar y solicitar a los turistas y guías que aparecen en sus 4×4, un transporte hacia sus aldeas con la compra del día, de paso que van hacia los cráteres del Empakai y Olmoti.
El lugar en el que vive Tifi, su manyatta o aldea maasai, es sencillamente increíble. Es una de las primeras aldeas que aparecen en el trayecto desde el cráter del Ngorongoro, en dirección a Empakai. Aquí ya hemos dejado atrás los bosques frondosos de acacias que rodean la cumbre del Ngorongoro, y el paisaje se ha transformado en enormes llanuras y praderas de pastos, a más de 2.500 metros de altitud, en dónde pacen numerosos rebaños de vacas y cabras, salpicadas por hermosas y austeras aldeas de casas de planta circular, construidas con excremento vacuno, barro y maderas, con tejados de paja. Un lugar perdido en África, preciado hogar de una nación de antiguos y temibles guerreros nómadas, hoy la mayoría ya equipados con teléfonos móviles. Impensable hogar para una mente europea actual. Salimos de la carretera para tratar de acercar todo lo posible a Tifi hasta su aldea, que no tiene fácil acceso para vehículos; le ayudamos a descargar la compra, y escuchamos ya a los niños que empiezan a bajar hacia nosotros, en busca de su padre. Tifi nos dice que vienen a ayudarle a llevar todo a la aldea, nos despedimos con un hasta pronto (nunca se sabe, visto lo visto) y volvemos a la carretera para continuar nuestro camino hacia Empakai.
Junior nos dice que, al ser joven, Tifi podría tener unas 10 mujeres, cada una con sus 2 o 3 hijos. Al parecer, hace pocos meses murió un viejo maasai, cerca de allí, que tenía 28 mujeres y 128 hijos. Si, así es, los maasai son polígamos, cada grupo de casas es la aldea de un solo hombre, y cada casa es de una mujer. El hombre maasai puede ir durmiendo cada noche en una casa diferente y, en algunas ocasiones, las visitas masculinas de otros hombres a la aldea, pueden ir acompañadas de “préstamos hospitalarios” de casa y de mujer maasai ¡pedrada en la cabeza, lo sabemos, es difícil de asimilar!
La poligamia no es exclusiva de los maasai, hay cientos de culturas y pueblos en el mundo que la practican. La cosificación de la mujer, por desgracia, tampoco es exclusiva de esta tribu. Por supuesto, no seremos nosotros quienes nos atrevamos a juzgar a un pueblo de pastores y guerreros nómadas, orgullosos de serlo, que atravesó el continente africano siguiendo el Nilo, y que todavía desea mantener su religión propia, sus costumbres y sus tradiciones casi intactas.

Cálao cariplateado (Bycanistes brevis) en vuelo, fotografiado desde la terraza del Rhino Lodge, 03 de noviembre de 2021.
Hembras de antílope acuático (Kobus ellipsiprymnus), fotografiadas desde la terraza del Rhino Lodge, 03 de noviembre de 2021.
Highlands y aldeas maasai, de camino hacia Empakai, 03 de noviembre de 2021.
Highlands y ganado maasai, de camino hacia Empakai, 03 de noviembre de 2021.
Highlands y aldeas maasai, de camino hacia Empakai, 03 de noviembre de 2021.
Highlands y aldeas maasai, de camino hacia Empakai, 03 de noviembre de 2021.

Desde la época de colonización inglesa a principios del siglo XX, los maasai han sido desplazados poco a poco de sus zonas de pastos y tierras, en nombre de la prosperidad y para ceder a los colonos cada vez más tierras y zonas de caza. En la actualidad, ya los hemos expulsado del Serengeti, del Kilimanjaro, y de la caldera del Ngorongoro, cada vez les achicamos más su espacio vital, en nombre a veces de la conservación de la naturaleza (dónde hay ganado maasai, hay poca fauna salvaje), las más de las veces en nombre del dólar americano (si no hay fauna salvaje, no hay turismo, la mayor fuente de ingresos tanzana).
Los maasai son monoteístas, su dios Ngai muestra su mayor benevolencia al traer lluvias copiosas. Tienen su lengua propia, aunque también aprenden suajili (idioma común que deben de aprender las 120 tribus de Tanzania). En la ceremonia de iniciación de los jóvenes, ya no salen a cazar un león para cumplir con la transición a la vida adulta, como antiguamente, aunque siguen practicando la circuncisión. Tampoco es algo exclusivo de los maasai.
Hay una costumbre o tradición que nos hace fruncir el ceño y el corazón entero, y que no podemos dejar de comentar o pasar por ello de largo, y es la ablación del clítoris de las adolescentes maasai, que todavía se sigue realizando en algunos asentamientos. Aunque cada vez son más los que han abandonado definitivamente esta inhumana mutilación genital, presionados por el propio gobierno tanzano, asociaciones internacionales de defensa de derechos humanos y, en definitiva, por todos nosotros, por el sentido común y por la mejor cara del progreso y la evolución humana. Una cosa es cortar un pedazo de piel, otra cosa muy distinta es mutilar un órgano sexual, perjudicando la salud de una persona para toda su vida. Tradición y cultura si, barbarie no. Tampoco la maasai es la única religión/cultura/tradición que mutila y, además, también sabemos que hay muchas formas de mutilación…

Zanjemos aquí la reflexión. Cuando llegan estos momentos de darle al coco y, al mismo tiempo, admirar las vistas por la ventanilla del coche, descubres que viajar y conocer otras vidas y culturas es algo más que sacar fotos y disfrutar del paisaje; viajar es también un ejercicio extraordinario de puesta al día y estado de revista de tus miedos, prejuicios, intolerancias, inseguridades, valores y principios morales. Es muy sano que, de vez en cuando, recibas una buena cura de realidad, que nos saquen de la zona de confort y que te den una buena pedrada, una buena sacudida, para recolocarnos mejor ¡Hay que viajar más, todo lo que se pueda!
Desde nuestra temprana salida del Rhino Lodge, cada vez que nos cruzábamos con otro vehículo 4×4, Junior paraba a su altura y charlaba brevemente con su colega. Era imposible para nosotros entender esa conversación en suajili, pero sí que descifrábamos dos cosas; primero, cuando Junior pronunciaba Empakai, eso sí que era comprensible; y segundo, la cara de pésame que su colega ponía cuando escuchaba nuestro destino, con mano a la frente de alguno de ellos incluida. Supimos así que la paliza en todoterreno iba a ser guapa, guapa.
Continuamos la ruta por la carretera del “masaje tanzano”, dando tumbos a un lado y al otro, agarrando bien los prismáticos y la cámara. Y noventa minutos más tarde llegamos a Nainokanoka, que significa lugar entre montañas en lengua maasai, uno de los últimos poblados de nuestro recorrido de ida. Aquí recogemos a Babí, el ranger que nos acompañará en el trekking de bajada al Empakai. Babí es un corpulento chaval de unos 25 años, no habla español y parece un tipo muy serio. No es un maasai, pertenece a la tribu Chaga, originaria de las faldas de Kilimanjaro, la misma tribu de Junior. Más serio todavía nos resulta Babí cuando se sube al asiento de copiloto, apoyando en su regazo el fusil Avtomat Kalashnikova de 1947, el tristemente conocido como AK-47. Recorrimos otros interminables 25 km de baches por la carretera de Empakai; en todo momento, el cielo estuvo medio encapotado, con nubes que amenazaban lluvias y que nos preocupaban mucho, sobre todo por el estado en el que podría quedar la carretera a la vuelta de Empakai. Cruzábamos los dedos.
Las preocupaciones por la lluvia se esfuman al dar una de las curvas en el recorrido. Isa grita “¡mira, mira!” Y me señala delante, hacia la carretera. Levanté la vista y pude vislumbrar la sombra de un animal ocultándose entre los matorrales. Babí y Junior han identificado a un serval, una especie de gato salvaje. Isa tuvo la suerte de poder verlo con claridad, yo y mi cámara nos lo perdimos. Al llegar a la altura del matorral por el que se esfumó, entre las matas de acacias, puedo intuir la silueta, las grandes orejas y el colorido del serval, camuflándose perfectamente. Saco una foto rápida y muy mala, la verdad, y continuamos la ruta.

Ejemplar de Busardo augur oriental (Buteo augur) en vuelo, de camino hacia Empakai, 03 de noviembre de 2021.
Ejemplar de Águila esteparia (Aquila nipalensis), de camino hacia Empakai, 03 de noviembre.
Cebras y aldeas maasai, de camino hacia Empakai, 03 de noviembre de 2021.
Cebras y aldeas maasai, de camino hacia Empakai, 03 de noviembre de 2021.
Silueta de Serval (Leptailurus serval) al fondo entre los matorrales, de camino hacia Empakai, 03 de noviembre de 2021.

Sobre las 9:45 de esa mañana, llegamos por fin a la cima del cráter del Empakai. Casi tres horas de interminable masaje tanzano. Los paisajes del recorrido y el que tenemos ahora delante de nosotros, compensan con creces las molestias, ¡vaya si compensan! Y es que no podemos obviar que estamos en el Gran Valle del Rift (Rift Valley), la enorme grieta tectónica de 4.830 kilómetros de longitud, que separa las placas africana y somalí. Dentro de unos escasos 10 millones de años, aquí habrá un nuevo océano que formará un nuevo continente, separado ya de África. Toda esta línea de volcanes, el Ngorongoro, el Olmoti, el Empakai y el Ol Doinyo Lengai, que están dentro del Área de Conservación del Ngorongoro, y que estos días visitamos, son fruto de la enorme actividad tectónica de la zona durante millones de años. El único que sigue activo es el Ol Doinyo Lengai, la montaña sagrada de los maasai, y que nos ofrece ahora una imponente vista.
Desde un punto concreto de la carretera que circunda el cráter, en la cima del Empakai, miramos hacia abajo, hacia el lago que forma la caldera volcánica inactiva; allí es a dónde descenderemos ahora con Babí y su fusil, por un empinado y estrecho sendero. Impresiona la excursión, pero hemos venido a jugar, así que allá que iniciamos el descenso, cuya duración Babí estima en 45 minutos. El ranger va delante, debemos ir en fila india y atentos a las indicaciones que nos vaya haciendo Babí, desde líneas de hormigas carpinteras bastante voraces, que debemos de evitar pisar, hasta avisos por zonas de elevada pendiente. Isa aprovecha para ir preguntando a Babí, llamadlo curiosidad, llamadlo cagalera, si alguna vez necesitó utilizar su AK-47 en una de estos trekkings con visitantes. Nos cuenta que sólo una vez tuvo que disparar a un búfalo, que se les venía encima de forma amenazante; y es que estadísticamente, tanto el búfalo como el hipopótamo y el elefante, son los animales salvajes que mayor número de incidentes registran en estos safaris, tanto en vehículo como a pie. Babí nos confirma que el búfalo murió de aquel disparo. Continuamos el descenso, quizás ahora algo más pegados al ranger y al rifle.
Disfrutamos en el trekking de bajada de numerosas especies de aves del bosque de acacias, desde tejedores a turacos. También encontramos indicios de búfalo, excrementos, pisadas y caminos abiertos por sus enormes cuerpos. Babí nos muestra también al árbol estrangulador del género Ficus spp., una especie semi-epífita, es decir, su semilla germina y crece arriba, en las ramas de otros árboles, y sus raíces van creciendo hacia abajo, como cayendo de lo alto de su víctima. También van extendiendo sus ramas hacia arriba, alcanzando el dosel arbóreo más alto, el que obtiene mayor radiación solar. Cuando las raíces llegan al suelo, se va creando una especie de maraña alrededor del árbol hospedero, que acaba sucumbiendo ante el Ficus, al robarle la mayor parte de los recursos solares y terrestres (sol, agua y nutrientes). Curiosa y muy inteligente la estrategia del Ficus spp.

Cráter y lago de Empakai, vista desde la cima, 03 de noviembre de 2021.
Cráter y lago de Empakai, vista desde la cima, 03 de noviembre de 2021.
Cráter y lago de Empakai, vista desde la cima, 03 de noviembre de 2021.
Flamencos en el Lago de Empakai, vista desde la cima, 03 de noviembre de 2021.
Cráter y lago de Empakai, vista desde la cima, 03 de noviembre de 2021.
Busardo ratonero de estepa (Buteo buteo vulpinus), en el trekking de Empakai, 03 de noviembre de 2021.
Suimanga colilargo (Cinnyris pulchellus), en el trekking de Empakai, 03 de noviembre de 2021.
Nido del Tejedor de anteojos (Ploceus ocularis), en el trekking de Empakai, 03 de noviembre de 2021.
Ejemplar de Turaco de Schalow (Tauraco schalowi), en el trekking de Empakai, 03 de noviembre de 2021.
Ejemplar de Turaco de Schalow (Tauraco schalowi), en el trekking de Empakai, 03 de noviembre de 2021.
Ejemplar de Tordo oliváceo (Turdus olivaceus), en el trekking de Empakai, 03 de noviembre de 2021.
Árbol estrangulador epífito del género Ficus spp., en el trekking de Empakai, 03 de noviembre de 2021.

Al llegar al fondo del cráter, Babí nos deja un rato solos para pasear por los márgenes del lago volcánico, en dónde hay cientos de flamencos, de las dos especies, común y enano, y otras pequeñas aves acuáticas, como ánades y chorlitejos. Isa se pega una carrera para levantar el vuelo de una pequeña bandada de flamencos. Aprovecho para tirar decenas de preciosas fotos del Empakai y su lago. En los márgenes del lago, de unos 4 kilómetros de diámetro, se ven los rebaños de vacas maasai que, aquí sí, pueden descender al fondo del cráter para aprovechar los verdes y ricos pastos. El hecho de que los maasai puedan bajar a estas zonas a pastar con el ganado, también hace que la posibilidad de avistar fauna salvaje de mamíferos sea menor, es lógico; aunque como nos habían contado Babí y Junior, eso no significa que no sea posible cruzarse o divisar búfalos, cebras, e incluso, leopardos. Durante nuestro trekking, los únicos mamíferos que observamos fueron los maasai y sus vacas; pero cuando subimos al coche para salir de allí, la cosa cambió.
La subida de vuelta desde el fondo del cráter nos llevó 60 minutos clavados, hicimos varias paradas para sacar fotos del paisaje y observar más especies de aves diferentes, tarabilla africana, alcaudón fiscal, suimangas, etc. También aprovechábamos las paradas para conocer más a Babí, que nos enseña una foto de su hijo pequeño. El serio chaval ya no parece tan serio, y nos habíamos acostumbrado ya a su AK-47. En la cima nos esperaba Junior con su caballo, el viejo pero resultón todoterreno. Mientras sacábamos las últimas fotos, dos mujeres maasai despliegan sus mantas llenas de pulseras, collares y demás abalorios y recuerdos, hechas por ellas mismas. Recordad, somos su mayor fuente de ingresos. Una vez refrescados y comentando los mejores momentos con Junior, nos animamos a comprar dos pulseras a las mujeres maasai, una a cada una de ellas; no recuerdo ahora el precio que nos pedía, pero Junior nos chiva el regateo justo, 5 USD por las dos pulseras. Cuando la mujer recoge el billete americano, lo lee detenidamente y mira a su compañera, preguntando sabe Ngai qué; Junior intuye que es mejor darles chelines tanzanos, así que le hace el cambio en moneda tanzana y asunto resuelto. Al mismo tiempo, dos hombres maasai montaban una tienda de campaña para una pareja de unzungus que acababan de llegar a la explanada, para hacer el mismo trekking que nosotros y luego, pasar la noche allí mismo, con los maasai. En Tanzania se puede hacer de todo, solo hay que atreverse…y tener pasta, claro.
A las 12:30 del mediodía iniciamos el camino de regreso desde el cráter del Empakai, maravillados con los paisajes imponentes del Rift. Paramos brevemente a sacar unas fotos de la montaña sagrada maasai, el volcán Ol Doinyo Lengai, al norte del Empakai. Junior nos comenta que la ascensión no es nada fácil, incluso peligrosa, y que sí hay excursiones de subida al volcán activo, aunque rozan la ilegalidad muchas de ellas, ya que se siguen haciendo sin permisos o fuera de épocas permitidas. No creo que a los maasai les haga mucha gracia que los unzungus suban allí arriba. En varios tramos del recorrido de vuelta, nos cruzamos con búfalos alimentándose y escondiéndose entre la frondosa vegetación. Haberlos, haylos.
Como vamos muy bien de tiempo, Junior y Babí nos ofrecen un trekking adicional al siguiente volcán que nos queda de camino, justo en dónde recogimos al ranger a la ida, en Nainokanoka, desde dónde se puede subir andando al Olmoti. Solo se trata de 20$ más para el ranger y una caminata de subida de 30 minutos. Por supuesto, aceptamos encantados, ya lo he escrito antes, hemos venido a jugar. Antes de llegar a Olmoti, paramos a comer en medio de la nada, en la misma carretera, muy cerca de los rebaños de un pastor maasai, que no nos sacaba la vista de encima. ¡Qué pensará de nosotros!, allí sentados sobre una manta maasai, comiendo un sándwich y bebiendo zumo. Cuando rematamos el picnic, Junior llama al maasai, y nos recomienda darle únicamente algo de frutos secos, fruta fresca y poco más. La mayoría de los maasai se alimentan únicamente de carne de vaca, de su leche y de su sangre; Junior nos advierte de que la comida que nosotros llevamos puede que no les siente bien, su tubo digestivo no está acostumbrado. Supongo que el nuestro tampoco lo estaría a beber sangre de vaca, mezclada con leche, directamente de un pinchazo en la yugular.
Ya en Nainokanoka, Junior nos deja de nuevo solos con Babí, preparados para ascender a pie por un sendero que se pierde entre la frondosa vegetación de la ladera del volcán Olmoti. Vamos haciendo paradas para observar diferentes aves de bosque y matorral, suimangas dorados y tarabillas. Seguimos mirando al cielo, porque las nubes se hacen cada vez más, …más, …cómo decirlo ¡gallegas, esa es la palabra! Cuando volvemos a comentarle a Babí la posibilidad de que empiece a llover en cualquier momento, a medida que vamos subiendo, él nos responde que no, que esas nubes van ya hacia Empakai, de dónde venimos, que hemos tenido suerte y que no habrá problema. Nosotros, sin ánimo de ofender a nadie, y menos a un tipo con un AK-47 entre las manos, antes de iniciar este segundo tramo de trekking en Olmoti, habíamos metido discretamente dos chubasqueros en nuestras mochilas; además, en el coche con Junior, habíamos dejado esta mañana otra mochila con una muda de repuesto. ¡A gallegos no nos gana nadie! Y aquello pintaba lluvia.
A las 14:45 hicimos cima en Olmoti, que significa pota o caldera en maasai. Ya teníamos las Highlands o tierras altas, delante de nosotros, otro paisaje de ¡wow! Aquí se divisaba una caldera más grande que la de Empakai, aunque menor que la del Ngorongoro, con llanuras y praderas inmensas y un cortado de cascadas en la cara suroeste del cono volcánico. Estas aguas son las que abastecen el Nogorongoro y el Lago Magadi, unos kilómetros más abajo y más al sur. Precioso paisaje.
Transcurrió allí arriba, en Olmoti, el tiempo justo para disfrutar de las vistas del Rift y sacar unas cuantas fotos, poco más. Nuestras predicciones no fallaron, y empezamos a mojarnos con el agua de lluvia, lo suficiente como para tener que sacar los chubasqueros, los nuestros y los de las mochilas de las cámaras de fotos. Tuve que guardar la cámara y el objetivo rápidamente, y proteger con el impermeable la mochila, la lluvia se transformó en chaparrón. Empezamos a bajar ligeros por el sendero, con Babí delante, totalmente empapado, sin chubasquero y con unas botas de goma altas, claramente inadecuadas para un descenso por sendero con agua, piedras y barro. La verdad, fue muy divertido, Isa y yo nos mirábamos y sonreíamos contentos. Ya preveíamos un día de lluvia, y al final nos había permitido hacer el trekking de Empakai completo y subir a Olmoti también, ¡qué más queríamos! Aquello era otra aventura, nos empapamos de agua, pero bien, y nos daba algo de lástima Babí, que todavía se estaba calando más que nosotros, y que en cualquier momento se iba al suelo con aquellas botas de agua resbaladizas. Llegamos sanos, salvos y calados.
Una vez abajo, nos despedimos de Babí entre la lluvia, le pagamos lo convenido y la propina correspondiente. Asante sana Babí, y vete a cambiarte, ¡qué vas coller unha cacharreira de carallo! Junior no sabía si sonreír o preocuparse cuando nos recibió a los tres, calados hasta los huesos, pero en seguida nos vio contentos, agradecidos y, sobre todo, poniéndonos ropa seca dentro del todoterreno. Al fin y al cabo, era solo agua, bendita agua. Ngai, el dios de los maasai, en su propio hogar, nos mostraba su mayor benevolencia. ¡Qué suerte la nuestra!
Nos quedaban dos horas más de masaje tanzano, con alguna que otra parada en las aldeas maasai, para aprovechar las luces del ocaso, fantástica luz para unas fotografías tan especiales, y más después de la intensa lluvia de la tarde. Otra vez impresionados, otra vez cansados pero satisfechos, le pido a Junior un último favor, antes de entrar en el Rhino Lodge. Y es que, como sabía que teníamos que pasar por el mirador del Ngorongoro, por última vez, aquel lugar que nos estremeció ayer a nuestra llegada, quería hacer una última parada allí de nuevo, a modo de despedida de aquel maravilloso lugar. Así lo hizo Junior encantado, y así nos despedimos del Área de Conservación del Ngorongoro. Un lugar para recordar el resto de nuestras vidas.

Aterrizaje de Flamenco común (Phoenicopterus roseus), en el Lago Empakai, 03 de noviembre de 2021.
Ejemplar de Flamenco enano (Phoeniconaias minor), en el Lago Empakai, 03 de noviembre de 2021.
Pareja de Flamenco común (Phoenicopterus roseus), en el Lago Empakai, 03 de noviembre de 2021.
La Princesa Isa, corriendo para levantar a un grupo de flamencos en el Lago Empakai, 03 de noviembre de 2021.
Flamenco común (Phoenicopterus roseus), en el Lago Empakai, 03 de noviembre de 2021.
Despegue de Flamenco común (Phoenicopterus roseus), en el Lago Empakai, 03 de noviembre de 2021.
Vuelo de Flamenco enano (Phoeniconaias minor), con Flamenco común (Phoenicopterus roseus) posado al fondo, en el Lago Empakai, 03 de noviembre de 2021.
Pareja de Ánade piquirrojo africano (Anas erythrorhyncha), en el Lago Empakai, 03 de noviembre de 2021.
Despegue de bandada de flamenco común (Phoenicopterus roseus), en el Lago Empakai, 03 de noviembre de 2021.
Papamoscas de Fischer (Melaenornis fischeri), en el trekking del Empakai, 03 de noviembre de 2021.
Bandada de Flamenco común (Phoenicopterus roseus), en vuelo en el Lago Empakai, 03 de noviembre de 2021.
Cráter y lago de Empakai, vista desde la cima, 03 de noviembre de 2021.
Vista del volcán activo Ol Doinyo Lengai, la montaña del dios maasai Ngai, vista desde Empakai, 03 de noviembre de 2021.
Pastor maasai con su rebaño de cabras, en trekking Olmoti, 03 de noviembre de 2021.
Ejemplar de chacal dorado (Canis aureus), camino del trekking de Olmoti, 03 de noviembre de 2021.
Suimanga alidorado (Drepanorhynchus reichenowi), en el trekking de Olmoti, 03 de noviembre de 2021.
Suimanga alidorado (Drepanorhynchus reichenowi), en el trekking de Olmoti, 03 de noviembre de 2021.
Serín estriado (Crithagra striolata), en el trekking de Olmoti, 03 de noviembre de 2021.
Vista de los acuíferos de Olmoti, desde la cima, en el trekking de Olmoti, 03 de noviembre de 2021.
Vista de las praderas de la caldera de Olmoti, desde la cima, en el trekking de Olmoti, 03 de noviembre de 2021.
Vista de las praderas de la caldera de Olmoti, desde la cima, en el trekking de Olmoti, 03 de noviembre de 2021.
Highlands y aldeas maasai, al atardecer, de regreso de Empakai, 03 de noviembre de 2021.
Highlands y aldeas maasai, al atardecer, de regreso de Empakai, 03 de noviembre de 2021.
Highlands y aldeas maasai, al atardecer, de regreso de Empakai, 03 de noviembre de 2021.
Highlands y aldeas maasai, al atardecer, de regreso de Empakai, 03 de noviembre de 2021.
Highlands y aldeas maasai, al atardecer, de regreso de Empakai, 03 de noviembre de 2021.
La última imagen de la caldera del Ngorongoro y el Lago Magadi, al atardecer, de regreso de Empakai, 03 de noviembre de 2021.

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